Tres semanas sin navegar. El tiempo o mejor dicho, el mal tiempo, nos tiene amarrados. Al menos los fines de semana llueve torrencialmente. Bajo al Xarpa, le arranco el motor y achico un poco de agua de lluvia que me entra por dios sabe donde. Es muy poco, un par de vasos más o menos. Enciendo todas las luces para que también se sequen. El deshumidificador le tengo apagado, sino se congela. Las tareas pendientes de realizar las tengo en standby. Parece que yo también este congelado. La tripulación tampoco quiere saber nada. No existen.
En fin, un caldito en el bar del puerto es reconfortante. Ya se nota que los días empiezan a crecer. Espero que pronto el sol se haga dueño de los fines de semana. Demos un buen baño al barco, entre el aire y pueda salir de su letargo invernal cuan vulgar oso polar con un hambre de mar tremendo.
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