La Rochelle como siempre hasta la bandera de turistas y en agosto a tope. Tuvimos la gran suerte de asistir a una concentración de veleros clásicos. Entre ellos el mítico Joshua de Moitessier y el Pen Duik II de Tabarly, así como otras preciosidades de madera de todos los tamaños. Ir a estos puertos es bastante “peligroso”. Después de ver las flotas de Amel, RM, Lagoon, Beneteau y Dufourt a patadas y de cincuenta para arriba mi 27 pies parece de juguete.
El viento sigue de proa y hace frio. Prácticamente no nos quitamos el polar de encima. Decimos hacer una etapa hasta Les Sables de O’lonne. Una bonita travesía pasando por debajo del puente de la Isla de Ré. Tardamos unas siete horas y nos atendieron muy amablemente en este puerto.
A la mañana siguiente ponemos rumbo a la Isla de Yeu con poco viento y de proa. El tráfico es intenso, viéndose un gran número de veleros subiendo o bajando. Unas dos horas antes de la llegada por fin se nos mete unos veinticinco nudos por el través, disfrutando de una cabalgada espectacular hasta Port-Joinville entre montones de vela ligera, cruceros y todo tipo de artefactos acuáticos disfrutando del viento. Preparamos defensas, amarras y entramos en fila india con otros transeúntes. Gran sorpresa al doblar el espigón. Parece que no cabe un alfiler. A la entrada un Lagoon de cuarenta y tantos sin poder entrar y sus tripulantes con caras raras, pues fuera había una buena rasca y empezaba a llover. Pero los pequeños a veces tenemos ventajas y los marineros nos meten con calzador en el puerto. Desde luego no dejan a nadie fuera y abarloan barcos incluso cerrando pasillos. Todos nos preguntamos cómo saldremos de ahí…Comentamos en capitanía que nos quedaremos unos días y a la mañana siguiente y después de empezar a destilar el maremágnum de barcos nos dan un finger muy tranquilito.
Fotos de clásicos:
La Rochelle:

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